LA PINTURA COMO LENGUAJE SINBOLICO 1992-2002

En la trayectoria artística de Jesús Marcos pueden comprobarse ciertas constantes del lenguaje plástico que se expresan dentro de un sistema de imágenes . La disponibilidad de las conquistas visuales de las vanguardias le ha permitido hallar las resoluciones pictóricas adecuadas para expresar una realidad simbólica en base a un concepto estético donde la verdad y belleza se presentan como paradigmas. El desarrollo de su lenguaje nos permitirá ver como se afirma esta visión personal a través del tiempo. En la generación de los años sesenta del arte argentino -a la cual pertenece Jesús Marcos- aparece la neo figuración que va a integrar el lenguaje plástico de los diferentes “ismos” de este siglo, y crear un nuevo modelo representativo del hombre. Renovando el concepto del imaginario social de las contraculturas, después de Vietnam, se puede considerar esta tendencia de la figuración como una reacción romántica y un acercamiento mas critico de la realidad de postguerra. Esta coyuntura no solo de un tiempo histórico, sino de un código visual epocal, va a posibilitar nuevos modelos identificatorios figurativos dentro de las variantes surgidas en este periodo. En estas búsquedas expresivas las raíces hispánicas de Jesús Marcos retornan al “corpus” de su pintura, me refiero a la calidad materica de su obra que prima sobre el carácter puramente visivo de la misma, para transformarse en una realidad corpórea, textural, aptica, como la definiera el crítico e historiador Bernard Berenson. Este parentesco con la materia por un lado, y el acercamiento directo a la realidad por otro, concretara su posicionamiento ante la pintura. Este contacto con la realidad al iniciar cada serie será constante, así lo vemos en el caso de los trabajos de gran tamaño como “Cocina criolla” (1996). Estas obras, en su cruda realidad, nos permiten constatar la pertenencia a dos horizontes culturales: el hispánico y el argentino. A pesar que toda su pintura está sustentada en la tradición universal y alimentada en una cultura cosmopolita que lo incluye en la escuela de Buenos Aires -al decir del crítico Rafael Squirru- su obra ha tenido una particular formación dada su residencia casi permanente en una capital de puerto abierta a las corrientes europeas a través del Atlántico. Arraigado en un oficio de maestrías, trabajo y estudio con uno de los grandes pintores argentinos como Juan Carlos Castagnino; mas adelante va a completar esta formación durante las estadías que hiciera el artista en México, Nueva York, y más tarde Paris. Jesús Marcos desarrollará a posteriori un lenguaje que lo va a caracterizar en el contexto de la plástica argentina. Su naturaleza visual se centrara en una fuerte noción de estructura basada en la descomposición de los objetos y figuras humanas. Esta imaginería será resuelta en una atmosfera y clima tonal de densa emotividad. El ciclo que comprende esta exhibición que expondrá en España en la ciudad de Salamanca es de un periodo concebido en estrecha relación con la realidad socioeconómica y cultural de la Argentina, donde el artista ha residido; esto indudablemente influyo notablemente en su obra. El desencadenamiento de una realidad por demás dramática y plena de incertidumbres vividas por este país ha sido el resultado de años de corrupción y trasgresiones constitucionales. En este periodo de incipiente democracia, los ciudadanos librados a su falta de trabajo, justicia y asistencia perdiendo poco a poco sus derechos.
SERIES: La música y escenas circenses
Esta realidad esta simbolizada en la obra de Jesús Marcos a través de un lenguaje donde los objetos y seres humanos se ven dislocados, asumidos en ese vaivén descompensatorio en la búsqueda inquietante de un nuevo “locus” o lugar. Esta falta de ubicuidad puede analizarse en la obra como un registro de equilibrios y desequilibrios compositivos. Un balanceo constante y sostenido de la representación de estas imágenes se percibe desde el sentimiento de incertidumbre. Se podrá constatar esta situación de mutaciones en las dos series de trabajos expuestos y seleccionados para esta exhibición como las series de La Música y las Escenas Circenses. La manera compositiva del nuevo realismo Francés se visualiza a través de fragmentaciones y acumulaciones, respondiendo a una idea e intención plástica de deconstrucción. Esto le otorga a Jesús Marcos la libertad de poder armar un nuevo escenario pictórico. El sentido de descubrir y plasmar no solo el conglomerado objetual, sino también imágenes del cuerpo humano que irán apareciendo en fragmentos hasta su total despliegue, ha sido resaltado visualmente como un relato entre realidad y ficción. Una mano, un brazo, una pierna, asoman entre apretujados envoltorios a la vista. Estas composiciones sujetas a un sentimiento de percepción de lo real se abren al espectador en un espacio rebatido. Cacharros, papeles impresos, pomos de colores, telas drapeadas, son concebidos dentro del lenguaje simbólico. Estas convenciones en el campo de la pintura son concordantes con la realidad que el artista quiere expresar. La antropomorfizacion de los objetos es notoria, recordamos los zapatos de Van Gogh, en cuanto a la proyección viva del cuerpo ausente, y a la vez el color-símbolo en la expresión de la materia articulada con el pincel hasta la consecución de una atmosfera de real presencia. En “Músico impetuoso” (1995) los planos son contenedores de los fragmentos ubicados en el espacio virtual; ellos anuncian la caída a un espacio atmosférico de ingravidez cuyo clima de fuerte densidad se iba a exacerbar de allí en adelante. Así en “Músico apasionado” vemos la ruptura compositiva que inicia nuevos ordenamientos espaciales donde la figura humana se desarticula junto a objetos reconocibles de uso cotidiano. Las carnaciones texturales de los violines, como se ven en “Espacio ocupado”, de 1995, adquieren un viraje de materia alterada, aglutinada en la forma del objeto reconocible. Esta transformación de la materia se va acentuando en los xilocollages, y en otras composiciones donde se manifiesta la metamorfosis del objeto.
Las figuras circenses aparecen en el periodo 1997 a 2002. En 1999 realiza una muestra en la galería Palatina, en Buenos Aires donde expondrá una serie completa sobre esta temática. La carga emotiva de estos personajes que se mueven en la pista curva del circo, donde se sitúan trapecistas y equilibristas, es concebida con un peso y organicidad propia, independiente del objeto representado. La pintura toma así un protagonismo jerárquico, al ser ella en si misma otra realidad, más fuerte que la representación. Escapa así el contemplador del referente, del motivo que le dio origen, para adquirir una presencia viva y orgánica en la realidad pictórica. Lo pintado se abre al espectador, se muestra desplegándose sin atajaduras, abandonando la contención rígida de la voluntad geometrizante. Lo pintado muestra los pedazos de carnadura en una crónica despiadada y romántica de un asesinato. El hombre y la mujer son emergentes de una sociedad en crisis. Se desvanece la idea y el concepto de absoluto, de permanencia. Esos seres balancean sus cuerpos sobre el espacio vacío donde aparecen grandes sombras proyectadas. En la serie de la Música se irá desarrollando otro concepto de lo real en cuanto a la organicidad biomorfica de las figuras enredadas en paquetes. “Trilogía ocre” es un tríptico que ejemplifica esta verdad en forma de columnas humanas. Las posiciones de las figuras incitan a otorgar libertad a esos seres, en estado de latencia o germinación. Aparecen columpios y columpiantes, envueltos en climas de sombras y virajes de luces azuladas. Estas figuras desplazadas indican el malestar de la cultura, la alienación y la marginación social cada vez más creciente en las grandes urbes. Esta realidad angustiante que vive intensamente América Latina por su condición de subdesarrollo y políticas dependientes, se expresa como situación emergente de la sociedad actual. Estas imágenes simbólicas que pudimos apreciar en la obra de este periodo de Jesús Marcos así lo demuestran.
GRABADOS
Este texto sobre la obra grafica, que complementa el texto sobre pintura, fue escrito por Rosa Faccaro a partir de la muestra “25 años de Dibujos y Grabados” en el Museo Sivori de Buenos Aires en abril de 2001. La muestra de Jesús Marcos realizada en el Museo Municipal E. Sivori señala la importancia que tienen las disciplinas del dibujo y el grabado en su obra. Este artista dibujante, grabador y pintor pertenece a la década de los setenta. Inscripto en la figuración postsesentista aportara nuevos cánones visivos dentro de los realismos críticos. El amplio espectro que constituyen las numerosas piezas presentadas de una retrospectiva de más de 30 años, nos ayuda a ver la relación existente entre ideas graficas y el pasaje de esta exploración con tintas y papel en el campo de la pintura. Podemos apreciar que este circuito visual tiene su genealogía a partir de los primeros dibujos y grabados que corresponden a los periodos de México, de Nueva York y de Paris, que toman el periodo de una decada66/77, catalogados por la curadora Silvia Marrube en el Museo Sivori. La relación que el artista mantiene con el pintor Rodolfo Krasno en Paris y las construcciones de esculturas blandas de papel ensayadas por el van a contribuir a consolidar las experiencias realizadas por Jesús Marcos en fibra de papel con la técnica del gofrado profundo. En Nueva York el artista establece contacto con el Pop Art, al convivir con la época de las figuras paradigmáticas de esa tendencia donde la grafica constituye uno de los medios de impresión para sus ensayos seriales como los procedimientos serigraficos o de “silkscreen” En estos dibujos y grabados de Jesús Marcos se ve el posicionamiento figurativo y las influencias de los circuitos artísticos hegemonizantes de los años setenta tanto en Argentina como Europa. A nivel nacional se gestaba un movimiento independiente paralelo a los de estos centros hegemónicos, en especial el atípico informalismo argentino y la Nueva Figuración compuesto por Felipe Noé Rómulo Mccio, Jorge de la Vega y Ernesto Deira. La influencia del pop americano y la fuerza grafica del arte popular en México van a culminar con una interacción fructífera en la obra de Jesús Marcos; estas influencias darán nacimiento a un modelo de armado y montaje de la imagen, con interesantes aportes personales donde el artista se dirige hacia una nueva construcción figurativa. La pluridimensionalidad tomada del concepto cubista espacial y los desplazamientos rotativos de la figura humana en el multiespacio virtual serán el sistema constructivo que el artista adoptara en toda su trayectoria plástica. La figuración extraída de la construcción automática de la gestualidad europea, en lo que se dio en llamar informalismo gestual, capitalizados por el movimiento Cobra, aportara la escritura y elisiones automáticas de la surrealidad para dislocar una figuración desmembrada que nadará en un espacio multiforme. Los primeros grabados realizados en México, denominados “The big City” (1966), presentan ya determinadas características. Esta serie de dibujos y la relación con la nueva figuración, en especial con Ernesto Deira, va a denotar un código común de época y de cultura visual característico de esa década, pero con distanciamientos individualizantes. Vemos en las tintas ovales rojas y negras un denominador común de la imagen automática derivada de la nueva figuración a manera de nonatos humaniformes. Esta figuración sufrirá más adelante modificaciones que pueden ser analizadas dentro de un método estructural. En la obra reciente de Jesús Marcos las figuras entre bambalinas circenses presentan las mismas elisiones y encajes de antaño. Los miembros aparecen desarticulados, forzados y dislocados. La atmosfera es más densa y oscura, con mayor misterio, que procede de una sospecha surreal.
DESDE LA MATRIZ DEL GRABADO
Con un trabajo a manera de la técnica del collagraph, que el artista denomina xilocollage, armado con la técnica cubista del ensamblado, realizado con teclas y objetos pegados en la plancha xilográfica, Jesús Marcos retoma el mismo procedimiento que en la actitud compositiva de la pintura. El objeto escultórico (ensamblado) constituirá ahora una especie de objeto que luego va a ser utilizado como matriz para sus gofrados, grabados en relieve, estos constituyen piezas únicas y adquieren un aspecto independiente. Esta base realizada sobre una plancha producirá en la impresión, realizada bajo prensa con un papel húmedo bastante grueso y flexible, una apertura a una técnica de gofrado de sumo interés grafico. Estas especies de relieves texturados con tintas de imprimir, muestran facetas de extrañas derivaciones visuales. Fragmentos unidos por esta mezcla de aglutinamiento humano y de restos urbanos, que nos hablan de una humanidad rota. La aglutinación de los fragmentos aparece como campo de observación para ver en esta realidad a una sociedad en la medida del desgaste, de la rotura, del arreglo, de las partes recompuestas por un acto creativo, pero que siente el peso de las rupturas de “chock” El proceso de globalización se manifiesta como desarraigo, una dislocación de una sociedad que rompe con un orden de valores establecido para realizar un cambio irreversible; esta sociedad siente los efectos compulsivos de un sistema económico y político devastarte. En la obra, las sombras(aquello que indica una presencia protagónica) se manifiestan con una fuerza inusual. De la misma manera, las figuras cabeza abajo nos muestran el desequilibrio de la figura circense en el columpio roto, quebrado, donde las piernas van cayendo con un peso gravitatorio sobre la pista. Las figuras recientes que también aparecen en sus últimas pinturas, señalan una especie de escenario trágico, desmembrado, confuso, aglutinado. Es el ser humano por excelencia quien lo sufre, y la figura femenina asume un rol casi protagónico en todos los casos, como si su cuerpo pudiera ser la representación de un emblema. La política nacional con sus quebraduras y escisiones no ha podido asumir este fenómeno de separabilidad, de atomización de una cultura, de un país.
LOS NUEVOS AGRUPAMIENTOS. LA VISION CIRCENSE
El circo es un pretexto para poner en la pista a los personajes que asumen el estado de incertidumbre. Las últimas obras aparecen mas sombrías, pero sumamente enriquecidas por los aportes que el mismo proceso del grabado pudo otorgarles. Es así que las nuevas series de sus recientes trabajos muestran un poder de condensación dramática. Los fragmentos humanos se muestran apretujados, con un peso de gravedad que está provocando una caída en suspensión, sostenida por grandes tensores dispuestos en el espacio. Abajo las sombras alargadas representando el imaginario social penetran en la pista como escenario de la vida, esperando algún acontecimiento: esa zona aparece ponderada en la obra.