LAS DOS VERTIENTES EN LA PINTURA DE JESUS MARCOS

Mundo extraño, obsesionante, el de Jesús Marcos. Y decir, como en su caso, que un pintor tiene mundo, equivale a haber expresado, tal vez, uno de los rasgos esenciales de la creación. Ya que la hay, solo en proporción relativa, cuando el lenguaje, la modalidad de la expresión, en una palabra, el estilo, solo son, también relativamente personales. No sucede así con él ni con su obra. Envuelta persistentemente en una atmosfera de misterio, casi hasta de alucinación, esta obra, pacientemente madurada, alejada de los halagos más fáciles -pero no hermética, incomprensible ni clausurada- atrae con irresistible magnetismo.
Habla de soledad, de turbación, de angustia. Se encuentra -por fortuna- en las antípodas de lo decorativo, de lo fácil, de lo ornamental. Es abrupta pero -y no hay contradicción en esto- se entrega con ternura, cuando se aprende a verla, a sentirla, cuando se vibra y se palpita con ella. Es cuestión de saber entrar; y para la pintura no hay camino de ingreso, más directo y más gratificante, que ese, el de saber verla.
Jesús Marcos -que viene de cumplir con una trayectoria de reconocida vigencia en el extranjero- es personal sin forzarse, y eso se debe a que, con toda naturalidad, responde en cada una de sus telas a las exigencias que, interiormente lo urgen. Laborioso en el diseño, equilibrado en la composición, seguro en sus gamas que no se deleitan con el goce del color en sí, sino que antes bien están como sofrenándolo, como sometiéndolo, y esquivo a intensificar los valores por eso mismo, porque quiere hablar espontáneamente, sus cuadros reviven visiones, el siempre elusivo mundo de los sueños, de cuya madera, como afirma Shakespeare, estamos hechos. Irreal, pero no surrealista. Su poesía -por que la tiene, ceñida y áspera- se da, en consecuencia, después de un largo asedio. Captarla, aprehenderla, volverla propia, es la mejor de las recompensas de una pintura que, como la suya, participa por igual de lo fantástico y lo alegórico por una parte, y de lo cotidiano y lo tangible por la otra.