JESUS MARCOS LA MULTIPLICACION DEL ESPACIO

En los cuadros de Jesús Marcos: ¿un mundo se desintegra o está comenzando a integrarse? Sin duda es esta una de las problemáticas fundamentales no solo de su arte, sino de la plástica contemporánea: capturar en el plano, esa experiencia espacial cargada de dinamismo, ahora que toda quietud está cuestionada, por una conciencia que sabe que la identidad de cuanto la rodea, no se completa en su reposo. Marcos tiene un fuerte impulso hacia lo real; al extremo de que en su pintura, las representaciones si bien parecen fragmentadas, esos fragmentos están elaborados pictóricamente -y dentro de las leyes del plano- con un grado de fidelidad a lo denotado, verdaderamente objetivo. Es decir, no somete los objetos a una subjetividad que los estilice; lo que aquí ha sido sometido a su fuerte subjetividad, es el espacio virtual del cuadro. En este sentido, puede decirse que su arte comienza, cuando la duda acerca del reposo, introduce una especie de crispación que provoca un fuerte impacto, creando una pura contingencia. Ya no hay reposo, la vista se ve obligada a recorrer ansiosa el cuadro, para juntar los fragmentos, para buscarles su ubicación. Pero el plano del fondo ha mandado una zona hacia el frente, el frente mando otra zona hacia el fondo y en este juego de ida y vuelta, ha creado una poética que por momentos interpenetra espacios que al partirse se multiplican creando gran cantidad de perspectivas. Así como los pintores cubistas -de quien Marcos obviamente aprendió mucho- necesitaban despedazar los objetos para ubicarlos en las bidimensiones y mostrar así una multitud de puntos de vista del objeto en reposo, ofreciendo de golpe la totalidad de la imagen; él sabe que la identidad de las cosas más que en el reposo, quizás radique en el movimiento, en esos momentos entre dos puntos en reposo. El espacio así partido muestra distintos momentos del desplazamiento de los objetos, o sea, aquí se ha introducido la temporalidad y esta multiplicación espacial es la suma de distintos tiempos del objeto. De cierto modo Marcos es un pintor barroco, no porque tenga horror al vacío y llene el espacio del cuadro de objetos, sino porque sabe que el espacio ya está lleno por el horror del tiempo y aunque haya pocos objetos estos lo ocupan con su movimiento, creando verdaderos laberintos, como si las cosas tuvieran memoria de otros momentos de sí mismas, donde estuvieron allí, mas acá o mas allá. Esta pintura se inserta dentro de la corriente desintegradora de la imagen real, pero con un fuerte impulso a componerla. Es decir: Cezanne comienza a generar un nuevo espacio del plano, que si bien tiene cierta ilusioriedad, no es el tradicional espacio perspectivo. A partir de aquí ya queda cuestionado el espacio tradicional y el objetivo va sufriendo todas las alternativas que los distintos espacios van ofreciendo para la representación. Nos referimos aquí a la pintura figurativa. La imagen de Jesús Marcos. Forma parte de esa corriente que retomando el espacio virtual perspectivo con todas sus leyes lo parte para jugar arbitrariamente sus necesidades plásticas, creando una magia espacial, o sea (y aquí va la respuesta a la primera pregunta de este texto) se compone de un impulso hacia el espacio tradicional y de esa conciencia contemporánea antes aludida de negarse a la ilusión de ese espacio. El resultado de este universo visual no exento de dramatismo por las poderosas violaciones que han fundido sillas con mesas, flores de empapelados con tazas, paredes equivocas que se introducen en la figura humana que esta metamorfoseada con el sillón y toda una sensación de inestabilidad y equivocación que ha turbado para siempre el silencio del reposo, para transformarse en un lenguaje que habla de la contundencia dinámica de cuanto nos circunda.