DIAS RICOS EN PINTURA

Jesús Marcos. OPIC (Organización para la Difusión Internacional de Cultura).
Nuevamente ante la obra de este artista hispano-argentino, hallamos y manifestamos lo que siempre nos ha inducido a afirmar: que se trata de un bárbaro sentimental, escudriñador de nuestras bárbaras realidades.
Su porte es el de un fino filosofo que comprende sin entender la extraña vorágine que nos lleva de cabeza, frente a la cual realiza considerables esfuerzos encaminados a fijar, a fundamentar bases humanas. Del no acabar de asir dicha vorágine proviene la violenta reacción pictórica, como le ocurriría al matemático incapacitado de resolver problemas aparentemente sencillos. La furia de Marcos su llamémosle barbarismo, no es, pues, otra cosa que el turbador debate con lo inexplicable.
Pero lo explica con su aplomado talento, con su lujuriosa imaginación y ávida sensibilidad. Con todo esto debidamente amalgamado obtiene las dinámicas composiciones donde el ser humano presta simbólicos fragmentos a los fragmentos de la actualidad que le constriñen a desaparecer del primer plano: maquinas, vertiginosas alusiones asimétricas, laberintos ideales y alcaloides científicos, son los forzados compañeros de jornada de ese ser que no se halla en la rápida carrera a que se ve empujado, con tanta exaltación como desorientado propósito.
Jesús Marcos, nacido en pleno estampido de cañón y llegado a la primera madurez oyendo sin cesar mas cañonazos, y observando sucesos raros en el universo todo, es un excelente intérprete de ese estado de cosas absurdo que nos atomiza. Dijimos de él en otra ocasión -y lo repetimos con mayor conocimiento de causa- que es un estupendo pintor entre los que se distribuyen el honor de haber reorganizado con su fe contemporánea la sensibilidad universal, mediante imágenes e ideas consanguíneas a nuestro permanente estado dual de fácil fraternidad y difícil combate. Que no es poca cosa.